domingo, 15 de enero de 2012

¿Por qué los perros viven menos?

Siendo un Veterinario, fui llamado para examinar a un Sabueso Irlandés de 10 años de edad llamado Belker. Los dueños del perro, Ron, su esposa Lisa y su pequeño Shane, estaban muy apegados a Belker, y estaban esperando un milagro. Examine a Belker y descubrí que estaba muriendo de Cáncer. Le dije a su familia que no podíamos hacer ya nada por Belker, y me ofrecí para llevar cabo el procedimiento de eutanasia en su casa.
Hicimos los arreglos necesarios, Ron y Lisa dijeron que sería buena idea que el niño de 6 años, Shane observara el suceso. Ellos sintieron que Shane podría aprender algo de la experiencia.
Al día siguiente, sentí la familiar sensación en mi garganta cuando Belker fue rodeado por la familia. Shane se veía tranquilo, acariciaba al perro por última vez, y yo me preguntaba si él comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos Belker se quedó dormido pacíficamente para ya no despertar.
El pequeño niño pareció aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad o confusión. Nos sentamos todos por un momento preguntándonos el porqué del lamentable hecho de que la vida de las mascotas sea mas corta que la de los humanos. Shane, que había estado escuchando atentamente, dijo: ''yo sé porqué.''
Sorprendidos, todos volteamos a mirarlo. Lo que dijo a continuación me maravilló, nunca he escuchado una explicación más reconfortante que ésta. Este momento cambio mi forma de ver la vida. El dijo, ''la gente viene al mundo para poder aprender como vivir una buena vida, como amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, verdad?''.''Bueno, como los perros ya saben cómo hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros.''

La moraleja es :

Si un perro fuera tu maestro, aprenderías cosas como:
- Cuando tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos.
- Nunca dejes pasar una oportunidad para ir a pasear.
- Deja que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro éxtasis.
- Toma siestas.
- Estírate antes de levantarte.
- Corre, brinca y juega a diario.
- Mejora tu atención y deja que la gente te toque.
- Evita morder cuando un simple gruñido sería suficiente.
- En días cálidos, recuéstate sobre tu espalda en el pasto, patas abiertas.
- Cuando haga mucho calor, toma mucha agua y recuéstate bajo la sombra de un árbol.
- Cuando estés feliz, baila alrededor, y mueve todo tu cuerpo.
- Deléitate en la alegría simple de una larga caminata.
- Sé leal.
- Nunca pretendas ser algo que no eres.
- Si lo que quieres está enterrado, escarba hasta que lo encuentres.
- Cuando alguien tenga un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazles sentir que estás ahí.

"La felicidad no es una meta sino un camino...disfrútala mientras la recorres"

"Mas vale perder el tiempo con los amigos... Que perder amigos con el tiempo.



Desconozco al autor

jueves, 23 de septiembre de 2010

El nacimiento de un paradigma

Un grupo de científicos encerró a 5 monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos.

Cuando uno de los monos subía por la escalera para tomar los plátanos, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo.

Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros monos lo golpeaban.

Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos. Entonces los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.

Lo primero que hizo el mono novato al ver los plátanos fue intentar subir la escalera. Los otros monos rápidamente lo bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera.

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar. El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza de nuevo. Un tercero fue cambiado y se repitió el suceso. El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos.

Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.
Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía por los plátanos, con certeza la respuesta sería:

"No lo sé, aquí las cosas siempre se han hecho así..."

martes, 21 de septiembre de 2010

Tu ángel

Cuenta una antigua leyenda que una niña antes de nacer le dijo a Dios:


- Me dicen que me vas a enviar a la tierra, ¿cómo viviré tan pequeña e indefensa que soy en un mundo tan horrible como ese?

Dios le dijo:

- Entre muchos ángeles, escogí uno para ti, que ya te está esperando y te cuidará.

- ¿Y cómo entender, Dios, lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?



Dios le contestó a la niña:

- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar. Con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.

- Pero dime Dios, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz. Allá sufren mucho y estaré triste porque no te veré más.

- Aunque yo siempre estaré contigo, tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz; te dará aliento en los días más difíciles, su buen ejemplo hará que hagas de ese mundo horrible, un mundo mejor.

En ese instante una gran paz reinaba en el cielo, ya se oían voces terrestres y la niña presurosa repetía suavemente:

- Dios mío, Dios mío, ya me voy, dime su nombre, ¿cómo se llama mi ángel?

Dios le contestó:

- Su nombre no importa, tu le dirás... mamá...





domingo, 1 de agosto de 2010

domingo, 11 de abril de 2010

Chiste: No juegues en la tierra

Le dice una mamá a su hijo que estaba jugando en el jardín:

- ¡Hijo, no juegues en la tierra, caramba!

Y el niño se fue a jugar a la luna.

Chiste: Señor peludo

Iba un señor muy peludo al doctor y le dice:

- Doctor, esto no es normal, estoy demasiado peludo, ¿qué padezco?

Le responde el doctor:

- Padece usted osito.

domingo, 15 de noviembre de 2009

El cielo y el infierno

Un hombre, su caballo y su perro iban por la carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.

El hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo y prosiguió su camino con los dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición).

La carretera era muy larga y, colina arriba, el sol era muy intenso y ellos estaban sudados y sedientos.

En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol que conducía a una plaza pavimentada con adoquenes de oro.

El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él el siguiente diálogo:

- Buenos días.
- Buenos días - respondió el guardían.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el cielo.
- ¡Qué bien que hayamos llegado al cielo, porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera - y el guardián señaló la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed.
- Lo siento mucho - dijo el guardián - pero aquí no se permite la entrada de animales, es lugar sagrado.

El hombre se levantó con mucho disgusto pues tenía mucha sed pero no pensaba beber solo. Agradeció al guardián pero siguió adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.

A la sombra de uno de los árboles había un hombre sentado.

- Buenos días - dijo el caminante.
- El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed mi caballo, mi perro y yo.
- Hay una fuente entre aquellas rocas - dijo el hombre, señalando el lugar - puede beber toda el agua como gusten.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre.

- Puede volver siempre que desee - le respondió éste.
- A propósito, ¿cómo se llama este lugar? - preguntó el hombre.
- Es el cielo.
- ¿El cielo?, ¡pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el cielo!
- Aquello no era el cielo, era el infierno - contestó el guardián.
- El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberían prohibir que utilicen nuestro nombre!, esta información falsa debe provocar grandes confusiones - advirtió el caminante.
- De ninguna manera - increpó el hombre - en realidad nos hacen un gran favor, porque ahí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos...

Autor: Paulo Cohelo