domingo, 15 de noviembre de 2009

El cielo y el infierno

Un hombre, su caballo y su perro iban por la carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.

El hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo y prosiguió su camino con los dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición).

La carretera era muy larga y, colina arriba, el sol era muy intenso y ellos estaban sudados y sedientos.

En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol que conducía a una plaza pavimentada con adoquenes de oro.

El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él el siguiente diálogo:

- Buenos días.
- Buenos días - respondió el guardían.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el cielo.
- ¡Qué bien que hayamos llegado al cielo, porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera - y el guardián señaló la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed.
- Lo siento mucho - dijo el guardián - pero aquí no se permite la entrada de animales, es lugar sagrado.

El hombre se levantó con mucho disgusto pues tenía mucha sed pero no pensaba beber solo. Agradeció al guardián pero siguió adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.

A la sombra de uno de los árboles había un hombre sentado.

- Buenos días - dijo el caminante.
- El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed mi caballo, mi perro y yo.
- Hay una fuente entre aquellas rocas - dijo el hombre, señalando el lugar - puede beber toda el agua como gusten.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre.

- Puede volver siempre que desee - le respondió éste.
- A propósito, ¿cómo se llama este lugar? - preguntó el hombre.
- Es el cielo.
- ¿El cielo?, ¡pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el cielo!
- Aquello no era el cielo, era el infierno - contestó el guardián.
- El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberían prohibir que utilicen nuestro nombre!, esta información falsa debe provocar grandes confusiones - advirtió el caminante.
- De ninguna manera - increpó el hombre - en realidad nos hacen un gran favor, porque ahí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos...

Autor: Paulo Cohelo